¿Olemos todos lo mismo?

Olemos de acuerdo a nuestra memoria y nuestra experiencia, eso es cierto, pero hay modos de llegar a un acuerdo en cuanto a experiencias digamos, objetivas. Si cada persona huele por ejemplo, lavanda, cardamomo, zanahoria y canela, en clase, independientemente de un recuerdo, podrá relacionar después un aroma que contenga alguna de estas sustancias, fácilmente reconocibles. Sólo hará falta un poco de ayuda externa, una guía. Como decía el gran perfumista Roudnitska:

“Cada uno seguirá su inclinación natural y se agarrará a una de las informaciones que ha identificado, que le ha impresionado especialmente, por ejemplo el olor a madera.  Si atrajéramos su atención sobre otra información, el olor a cuero, terminará por notarlo a su vez.  Poco a poco, dentro de un orden preferencial, guiando su olfacción a través de descripciones de imágenes, le haremos hacer un inventario completo del olor y al final tendrá de él una visión global bastante próxima a la nuestra.  Esta manera de identificar los olores exige una atención y una concentración de espíritu que no todos los individuos están dispuestos a conceder, así como una capacidad mental de la que no todo el mundo dispone.  Esto es lo que a  menudo hace pensar que los aparatos sensoriales funcionan diferentemente los unos de los otros.”

Le Parfum. Edmond Roudnitska

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